LA MISA DE HOY
Pbro. Marcelo Barrionuevo
Seguimos meditando el discurso del Pan de Vida. Jesús aparece como nuestro alimento y al mismo tiempo como el que calma la sed de vida en nuestra existencia. Hay hambre en el mundo, en la calle y en cada ser humano existente. El hambre aparece ligada a su propia realidad de ser y vivir la experiencia de necesidad, necesitamos alimentarnos para crecer. Ahora bien, esta hambre no es sólo material, sino que toca todos los aspectos de la vida del hombre: hay hambre de comida, pero también de cultura; hay hambre tanto de vida como de reconocer los derechos a un trabajo digno; hay hambre de justicia en medio de tantos cuadernos de corrupción.
Pero el hombre moderno también sufre el hambre de lo espiritual, hambre de Dios. Es un hecho real que la fe en Dios da una cosmovisión distinta de la pura materialidad; la presencia espiritual en el hombre es connatural y la búsqueda de lo divino constituye, no una magia supersticiosa, sino una necesidad metafísica de su propia naturaleza. “Nos creaste para Ti y ansioso está el corazón hasta que no descanse en Ti”, decía San Agustín. Hay hambre de Dios y Él se nos da en la Eucaristía; por ello el Evangelio nos reafirma que Jesús es nuestro Pan de Vida. La Vida de Dios en la Eucaristía viene a unir los dos polos existenciales del hombre: le alimenta la vida espiritual de su paso en la Tierra y al mismo tiempo le abre el horizonte de lo eterno. La Eucaristía viene a ser como un puente que nos da consistencia espiritual en medio de las vicisitudes existenciales; nos fortalece el camino en medio de muchas dudas e incertidumbres; nos anima a una vida plena de sentido aun en medio de crisis personales o sociales. Pero por otro lado, la Eucaristía nos consolida en el camino a la casa del cielo, nos preanuncia la vida destinada a ver a Dios cara a cara. Esa es la gran felicidad que tiene el cristiano: sabe que Dios lo acompaña aquí y sabe que acompaña para allá, es decir, el cielo.
Pensemos hace cuánto no comulgamos a Jesús Eucaristía, cómo está nuestra oración eucarística y, de modo especial, cómo es nuestra acción eucarística con el hombre de hoy. Jesús que se hace cercano en cada Misa; nos da el impulso se salir a la calle, donde hay muchos hambrientos de muchas hambres. No podemos ser indiferentes: Jesús nos convoca a hacer el camino de la vida ayudando a muchos hambrientos de Dios y de dignidad humana.